Examen de conciencia para una buena confesión

Es necesario acusar en confesión al menos todos los pecados mortales que se recuerden desde la última confesión bien hecha. Se debe indicar también su especie y su número. Para ello hay que pedir a Dios la gracia de conocer bien nuestras faltas, y examinarlas atentamente. (Misal diario Católico Apostólico Romano 1962).

“Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones” (LumenGentium 11, CIC 1422).

Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación. Los Padres De la Iglesia presentan este sacramento como “la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia”. (CIC 1446)

La siguiente guía tiene como base el Misal diario Católico Apostólico Romano de 1962 y el Catecismo de la Iglesia Católica

130 ideas de Confesion en 2020 | confesiones, los sacramentos, examen de  conciencia

Oración para Examinarse Bien

SANTISIMA Virgen María, Madre mía, dignarte obtenerme un verdadero dolor de haber ofendido a Dios, el firme propósito de corregirme, y la gracia de hacer una buena confesión. Amén.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Señor tu Espíritu, y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Primer Mandamiento:
Amarás a Dios sobre todas las cosas.

¿Dios ocupa el primer lugar en mi vida?
¿Me he olvidado de Dios?
¿He faltado a mis oraciones o las he hecho mal?
¿He negado o dudado de alguna verdad de la fe católica?
¿He descuidado mi formación católica?
¿He asistido a actos de culto de sectas o reuniones de sociedades prohibidas? (sectas protestantes, comunismo, masonería, budismo, yoga).
¿He leído libros o revistas impíos?
¿He creído en supersticiones?
¿He asistido a sesiones de adivinación, lecturas de mano, de café, cualquier tipo de magia, hechicería, espiritismo, ocultismo, chamanismo, etc.?
¿He creído en el horóscopo?
¿Me he desesperado o hablado contra la Providencia?
¿He callado pecados mortales en confesiones anteriores?
¿He comulgado estando en pecado?¿Sin haberme acercado a la confesión?
¿Le he faltado el respeto a la Iglesia y/o a sus Ministros?
¿He amado a Dios sobre todas las cosas?
¿Me he avergonzado de las prácticas de piedad?
¿Tengo en mi vida o buscado otros dioses (dinero, poder, placer, belleza, reconocimiento desordenado de los demás hacia mí)?
¿He rechazado alguna verdad revelada? (dogmas de la Iglesia)
¿He creído cosas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia, creyendo que son “exageradas u obsoletas”?
¿He consentido dudas contra la fe?
¿He pensado o dicho que todas las religiones son buenas?
¿He escondido la fe por cobardía o vergüenza?
¿Pongo toda mi confianza en Dios, o la pongo en mí mismo?

Segundo Mandamiento:
No tomarás el Santo Nombre de Dios en vano.

¿He hecho juramentos falsos, inútiles o malos (jurar vengarse)?
¿He caído en imprecaciones (deseos malos) contra sí mismo o contra los demás?
¿He maldecido?
¿He blasfemado (decir algo contra Dios o algún objeto sagrado)?
¿He usado sin respeto el nombre de Dios o el de los Santos, o las palabras de las Sagradas Escrituras?
¿He faltado a algún voto o promesa hecha a Dios?

Tercer Mandamiento:
Santificarás las fiestas.

¿He faltado injustificadamente a Misa en domingo o día de precepto?
¿He llegado tarde a Misa?
¿Me distraigo voluntariamente en Misa?
¿He profanado el domingo con reuniones o diversiones peligrosas (fiestas, antros)?
¿He trabajado o mandado trabajar sin necesidad, en labores serviles o manuales, durante más de dos o tres horas?
¿Me he preocupado por saber cuáles son las fiestas de precepto?

Cuarto Mandamiento:
Honrarás a tu padre y a tu madre.

Como hijos:
¿He desobedecido a mis padres?
¿Los he tratado con dureza y sin respeto?
¿Les he causado pena o disgustos?
¿Los he asistido durante su vida, o los asistí durante su muerte?
¿He rezado por ellos?
¿He tomado en cuenta sus sabios consejos?
¿He tratado mal a mis hermanos, he reñido con ellos?
¿He desobedecido a los superiores civiles o religiosos?
¿He juzgado o criticado injustamente a mis padres, hermanos o superiores civiles o religiosos?
¿He fomentado el mal espíritu?
Como padres:
¿He hecho rezar en familia?
¿He hecho mal uso de la autoridad y/o de los bienes familiares? (por ejemplo, gastado dinero en uso propio antes que el bien de la familia, de la esposa o esposo, hijos, gastado dinero en apuestas?
¿He descuidado la educación de mis hijos? (catecismo, primera comunión, etc.)
¿Los he mandado a escuelas malas?
¿Los he vigilado, corregido y castigado cuando hace falta o he sido permisivo?
¿Les he enseñado a renunciarse, sacrificarse y vencer sus caprichos?
¿Los he tratado con demasiada aspereza y sin paciencia?
¿He permitido frecuentaciones, diversiones y películas peligrosas para la fe, la castidad, etc.?
¿Les he dado mal ejemplo?
¿He mentido, discutido en su presencia?

Quinto Mandamiento:
No matarás.

¿He matado, herido o injuriado a alguien?
¿He promovido o he estado a favor del aborto? (que la Iglesia castiga con excomunión: La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (Código de Derecho Canónico, CIC, canon 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad).
¿He estado o he promovido la Eutanasia?
¿He causado algún daño a alguien?
¿Me he enojado, deseado venganza o deseado el mal a otro?
¿He odiado, tenido rencor?
¿Me he negado a perdonar?
¿He sido impaciente?
¿He tenido dureza para con los pobres y los que sufren?
¿He dado malos consejos?
¿He aprobado las malas conductas de mis amigos?
¿He escandalizado a otros y/o inducido a otros a pecar, con mi ejemplo, en conversaciones, modos de vestir, malos libros, etc.?
¿He manejado imprudentemente o a altas velocidades?
¿He puesto mi vida en riesgo? (saltado con paracaídas, arrancones, etc.)
¿He probado drogas?

Sexto y Noveno Mandamientos:
No fornicarás. No desearás a la mujer de tu prójimo.

“Dios abomina, de modo especial el pecado de la lujuria, y los demonios también.”. “Es de razón natural que los demonios abominan el pecado contra natura. Hacen caer al pecador y luego se retiran para no ver semejante espanto que horroriza incluso a los ángeles (incluso los caídos).” (Diálogo, Misericordia con la Sta. Iglesia, L II, cap. XV)

¿He cometido adulterio?
¿He visto, o usado pornografia? (en libros, diarios, revistas, películas, televisión, internet, mensajes, etc.)
¿Me he detenido voluntariamente en pensamientos, o deseos contrarios a la pureza y castidad?
¿He tenido conversaciones deshonestas o en doble sentido?
¿He visto/compartido fotos, videos, chistes, etc. contrarios a la castidad y pureza?
¿He tenido miradas culpables?
¿He provocado que otros tengan miradas culpables por mi modo de vestir?
¿He vestido indecentemente?¿procuro tener pudor?
¿He asistido a playas nudistas?
¿He tenido acciones deshonestas, solo o con otros, de cualquier tipo? (todo lo que sea buscar o admitir placer sexual fuera del uso lícito del matrimonio, es pecado mortal).
¿He utilizado fraudulentamente el matrimonio?
¿He practicado onanismo, masturbación, preservativos, píldoras abortivas o anticonceptivas, esterilización, vasectomía, etc.?
¿He negado injustamente el débito conyugal?
¿He escuchado canciones con contenido sexual o que propician la inmoralidad o impureza?
Nota: se deben precisar las circunstancias que cambian la especie del pecado (adulterio, incesto, homosexualidad, entre otras…). La persona que no quiere renunciar a la ocasión próxima del pecado no puede recibir la absolución ni seguir comulgando.

Séptimo y Décimo Mandamientos:
No robarás. No codiciarás los bienes ajenos.

¿He robado?
¿He utilizado bienes o cosas robadas?
¿He cometido o ayudado a cometer injusticias, fraudes robos?
¿He causado daño a otro en sus bienes?
¿He restituido los bienes por el daño hecho?
¿He pagado mis deudas?
¿He engañado en mis ventas, contratos o transacciones?
¿He sobornado o propiciado el soborno y cualquier ganancia injusta?
¿He apostado o asistido a juegos por dinero, casinos?
¿He jugado juegos por dinero?
¿He cometido usura? (cobrado intereses excesivos a mis deudores)
¿He hecho prejuicios injustos?
¿He deseado desordenadamente los bienes de otros?

Octavo Mandamiento:
No mentirás ni levantarás falso testimonio.

¿He mentido?
¿He hecho juicios temerarios?
¿He hablado mal del prójimo?
¿He sembrado discordia con habladurías o rumores infundados?
¿He calumniado?
¿He levantado falsos testimonios contra otros?
¿Me he promovido propaganda o noticias falsas (especialmente en contra de la Iglesia y del Santo Padre)?
¿He violado un secreto, leído cartas o correo ajeno, etc.?

Los preceptos de la Iglesia

¿Me he confesado al menos una vez desde hace un año?
¿He recibido la Sagrada Comunión durante el tiempo Pascual?
¿He violado los ayunos prescritos por la Iglesia, o he comido carne en los días prohibidos?
¿Contribuí conforme a mis posibilidades con el sostenimiento de la Iglesia (diezmo, limosnas, etc.)?
¿He contraído matrimonio contrario a las leyes de la Iglesia?

Pecados capitales

Soberbia:
¿He tenido pensamientos de vanidad? ¿He despreciado a los demás?
¿He sido terco, contra la Voluntad de Dios, contra los demás?
¿He sido esclavo del “que dirán” y de la moda?
¿He pedido perdón cuando he ofendido o me he equivocado?
¿He hecho mi examen de conciencia correctamente, sin prisas?
Avaricia:
¿He tenido apego excesivo al dinero o a otras cosas?
¿He hecho limosnas únicamente con lo que me sobra?
Lujuria:
ver sexto y noveno mandamientos de la Ley de Dios.
Envidia:
¿He sentido tristeza por no tener los mismo bienes de los demás?
¿Me he alegrado por el mal que les ocurre?
¿He tenido sentimientos de envidia, celos?
¿He sido hipócrita?
Gula:
¿Me he excedido en el comer o beber?
¿Me he embriagado?
¿He hablado demasiado y con burla?
Ira:
Ver quinto mandamiento de la Ley de Dios.
Pereza:
¿He tenido pereza al levantarme?
¿En el trabajo?
¿Soy mediocre en mi trabajo?
¿Soy tibio en mi oración?
¿En las obligaciones religiosas?
¿He perdido el tiempo, he estado de ocioso?
¿He caído en la molicie? (huir de todo esfuerzo y rendirse a la primera dificultad).

Habiendo realizado el examen de conciencia y luego de rezado el acto de contrición, hay que acercarse al confesor, arrodillándose ante él, diciendo “Ave María Purísima. Padre, hace X tiempo que no me confieso, cumplí (o no) con mi penitencia impuesta en la última confesión y me acuso de…”. Se recomienda empezar con los pecados que más vergüenza le dan a uno, para evitar omitirlos. Atendamos a lo que nos diga el confesor y a la penitencia que nos impondrá, y mientras nos dé la absolución, digamos con todo fervor nuevamente el Acto de Contrición.

Después de la confesión

Se debe cumplir sin demora con la penitencia impuesta por el sacerdote. No se debe olvidar agradecer a Dios por permitirnos recibir este hermoso Sacramento y la gran gracia del perdón recibido. Sobre todo no hay que dejarse llevar por los escrúpulos. si el demonio intenta preocuparnos o confundirnos, no debemos discutir con él. Jesús no ha instituido el Sacramento de la Penitencia para torturarnos, sino para liberarnos. Lo que nos pide a cambio de su amor, es una gran lealtad y humildad al acusarnos de nuestras faltas (especialmente de las graves) y de la sinceridad al proponernos evitar realmente todas las ocasiones de pecado. Agradezcamos a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre, y recordemos las palabras que el Señor dijo a la mujer: “¿Dónde están los que te acusaron?¿Nadie te ha condenado? Dijo ella: Nadie, Señor. Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques más.“(Jn 8, 10-11).

La Inmaculada Concepción

Triunfo sobre la prueba de la Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad

Todos creíamos que la Virgen María no tuvo ninguna prueba y que le bastaba a Dios hacer el gran portento que hizo en ella de ser concebida sin mancha original. Pero ¡oh cómo nos engañamos! Dios le pidió una prueba porque, debiendo descender en ella el Verbo Eterno, no solo era decoroso que Él no encontrara en ella la mancha de origen, sino que ni siquiera era decoroso que encontrara en ella una voluntad humana obrante.

Hubiera sido muy indecoroso para Dios descender en una criatura en la cual reinara la voluntad humana. Por eso Él quiso de ella como prueba, y por toda la vida, su voluntad humana para asegurar en el alma de nuestra Santísima Virgen María, el Reino de su Divina Voluntad.

Ella suspira porque se conozca quién es aquella que produjo en ella tantos privilegios y efectos tan admirables que dejó estupefactos al Cielo y la tierra.

Cuando el Ser Supremo le pidió su querer humano, ella comprendió el grave mal que puede hacer la voluntad humana en la criatura, cómo esa pone todo en peligro, aún las obras más bellas del Creador.

La criatura con su querer humano es oscilante, débil, inconstante, desordenada… y ésto porque Dios, al crearla, creó unida la voluntad humana, como en naturaleza a su Voluntad Divina, de manera que Ésta debía ser la fuerza, el primer movimiento, el sostén, el alimento, la vida de la voluntad humana.

Cuando no damos vida a la Voluntad Divina en la nuestra, se rechazan los bienes recibidos de Dios en la Creación y los derechos recibidos en naturaleza en el acto en el que fuimos creados.

Dios al crear al hombre lo dotó de dones preternaturales:

FIAT  CREADOR                                                                                            

ADÁN      Gn 1,26(Hagamos)

  • Filiación Divina (hijos  legítimos)
  • Divina Voluntad (Hacía la Voluntad de Dios)
  • Ciencia Infusa  (Dios le infunde las verdades del conocimiento del Cielo y de la tierra)

La Voluntad Divina que Dios le infunde a Adán debía ser confirmada por libre decisión del hombre y para esto fue puesto a prueba. Dios creó a Adán inocente y puro, pero se sustrajo de la voluntad Divina para hacer su voluntad humana y ¿en cuántos males no cayó él y todas las generaciones? Perdió estos dones.

Nuestra Santísima Madre al comprender bien la grave ofensa que se le hace a Dios y los males que llueven sobre la criatura, tuvo entonces pavor y horror de hacer su voluntad humana y por amor al Creador, juró nunca hacer su voluntad humana y se la entregó a la Suprema Majestad.

Sacrificarse un día, ahora sí y ahora no, es fácil; pero sacrificarse a cada instante y en cada acto sin dar nunca vida a la voluntad propia es el sacrificio de los sacrificios, es el testimonio más grande y el amor más puro, tejido por la misma Voluntad Divina que se pueden ofrecer a nuestro Creador.

Nuestra Santísima Madre en cuanto hizo don de su voluntad a su Creador se sintió triunfadora sobre la prueba que había querido de ella el Creador (entregarle su voluntad humana para vivir sólo de Voluntad Divina) y Dios a su vez se sintió triunfador sobre la voluntad humana de ella.

Dios esperaba esta prueba, es decir, un alma que viviera sin voluntad para reunir de nuevo lo que el género humano había separado y ponerse en actitud de clemencia y misericordia. Su vida fue toda de Voluntad Divina, no hizo un solo acto de voluntad humana.

Desde el primer instante de su Concepción fue plasmada, inflamada y puesta en la luz del Creador, la cual purificó el germen humano con su potencia y quedó concebida sin mancha original. Y si su Concepción fue sin mancha y tan gloriosa que forma el honor de la familia divina, fue sólo porque el Fiat Omnipotente, el Querer Divino se vertió sobre su germen y quedó concebida pura y santa. Por eso la causa primaria de su Concepción Inmaculada fue únicamente la Divina Voluntad. A ella sea el honor, la gloria y el agradecimiento por haber sido la Virgen María Concebida sin pecado original.

Si supiéramos cómo anhela nuestra querida Madre vernos vivir sin nuestra voluntad humana, porque una madre solo quiere ver feliz a su hijo querido. Pero ¿cómo podremos ser felices si no nos decidimos a vivir sin voluntad propia como vivió ella?

Te has puesto a pensar qué feliz haríamos a nuestra querida Madre si viviéramos como ella vivió, solo de Voluntad Divina? La voluntad humana nos quita la frescura de la gracia, la belleza que enamora al Creador. Si aceptas tener sacrificada tu voluntad en honor al Creador, el Querer Divino hará el primer paso en tu alma: te sentirás circundado y plasmado por un áurea celestial, purificado y enfervorizado de tal forma que sentirás aniquilados en ti los gérmenes de tus pasiones y te sentirás puesto en los primeros pasos del Reino de la Divina Voluntad como Jesús nos enseñó a pedir en el Padre Nuestro. Hágase Tú Voluntad como se hace en el Cielo así sobre la tierra.

Gracias Santísima Trinidad por habernos dado a nuestra Madre, toda bella, toda pura, toda santa.

Todo el honor y la Gloria a ti por los siglos de los siglos. Amén.

Fuentes:
LA VIRGEN MARÍA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD Y LIBRO DE CIELO, Luisa Picarreta.

Las Maravillas de Jesús en el Sagrario

Cuando Jesús dijo “Yo estaré con ustedes siempre hasta la consumación del mundo” (Mt 28:20) no lo dijo de manera figurada, realmente se ha quedado con nosotros, todos los días se hace presente en cada Misa, en cada parroquia esperando que lo visitemos en el Sagrario. Hoy más que nunca tenemos que aceptar que sin Dios nada somos, y con humildad y amor, postrarnos frente a Él. Recordemos la oración que el Ángel le dio a los pastorcillos en Fátima “¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman!” (Tres veces).

VISITA A JESÚS EN EL SAGRARIO

¿Qué ocurre cuando visitamos a Jesús en el Sagrario?

  • La Sagrada Hostia es adorada por la corte celestial.
  • Jesús nos mira con dulzura.
  • La Hostia palpita con vehemencia cuando nos postramos a adorarlo con todo el ímpetu de nuestro corazón.
  • Los Ángeles y Santos rinden homenaje en el Cielo.
  • Las almas convierten su oración en canto de ángeles.
  • Al vernos arrodillados o postrados, sus latidos se unen a los nuestros porque ha encontrado almas adoradoras.
  • Nuestra oración se une a la adoración de la Iglesia Militante, Purgante y Triunfante.
  • Nuestra oración sube como incienso a la presencia de nuestro Padre.
  • Si centramos nuestra mirada en el Corazón Eucarístico, Jesús nos envía destellos de amor, suaviza el dolor de su Corazón y endulza su amargura.
  • Nuestra oración seca las lágrimas de sus ojos.
  • Reparamos como ofrenda de amor por todos los desprecios que recibe en todos los Sagrarios de la Tierra.
  • En la contemplación alumbramos todos los sagrarios de la Tierra y somos como incensarios de ángeles alabando, adorando y glorificando su Magnificencia de Amor.
  • El oficio de Ángeles es delegado a criaturas con corazón noble y benévolo.
  • Las almas se convierten en pararrayos de Cristo.
  • El alma que está en estado de Gracia adquiere la lozanía y gallardía de los Santos Ángeles.

¿Qué recibimos de Jesús cuando lo visitamos en el Sagrario?

  • El corazón de Jesús y el nuestro se unen invadiéndonos de paz.
  • Obtenemos sabiduría sublime (Divina).
  • La mirada de Jesús penetra en nuestro corazón para sanarlo, llena los vacíos con su amor.
  • Purifica las impurezas dándonos candor y blancura.
  • Las almas se convierten en lámparas encendidas en la oscuridad de la noche.
  • Nos convierte en Lámparas del Amor Divino que es el oficio más sublime que concede a un alma, ya que va perdiendo sus rasgos humanos para divinizarse.

    Transforma todo:
  • Lo insípido en sabroso.
  • Lo pesado en liviano.
  • La amargura en dulcedumbre.
  • El llanto en alegría del corazón.
  • El valle de lágrimas en paraíso.
  • Un manantial de consuelo ante nuestras tribulaciones.
  • Respuestas a nuestras dudas.
  • Quietud a nuestra turbación.
  • Esperanza a nuestras congojas.
  • Oasis a nuestros desiertos.
  • El Corazón Eucarístico es un océano de Misericordia que nos purifica y nos lava de todo pecado.
  • Nos abraza con gozo como al hijo pródigo como un padre bondadoso.
  • Suaviza y mitiga nuestros dolores.
  • Cura nuestras enfermedades.
  • Fortalece nuestras debilidades.
  • Nos enseña a vivir las Bienaventuranzas que son camino para llegar a la Santidad.
  • Como nuestro amigo nos presta su hombro para llorar nuestras penas, nos escucha, nos reconforta y nos levanta cuando por desgracia caemos.
  • Si decaemos en el fervor, aquí nos enfervorizará y nos renovará en espíritu.
  • Si pecamos, aquí alcanzaremos misericordia y perdón.
  • Si por debilidad desfallecemos, aquí nos fortalecerá y encontraremos vigor en la virtud.
  • Si necesitamos un consejo, aquí encontraremos sabiduría en abundancia.
  • Si deseamos vivir en gracia, aquí la encontraremos, así como alguna consolación.
  • Encontraremos un océano de paz,
  • Sosiego disfrutando una paz verdadera.
  • Fluyen muchísimas gracias (santificantes).
  • Llegaremos a la perfección y nos haremos santos.
  • Beberemos del conocimiento del Divino Espíritu para mostrarnos infinita sabiduría.

¿Qué ignoramos del Corazón Eucarístico de Jesús?

  • La magnitud de amor que contiene, que si lo supiéramos; pasaríamos días enteros amándolo en la Eucaristía.
  • Grandes misterios encerrados.
  • Jesús nos hace partícipes de un pedacito de Cielo aquí en la Tierra.
  • Jesús nos tiene como sus hijos muy amados.
  • La voz de Jesús eleva nuestro espíritu al Cielo.
  • Que desprende saetas de amor.
  • El Corazón de Jesús es sanado con nuestra adoración como un ungüento que cicatriza sus heridas producidas por el desamor de los hombres.
  • Nos espera porque quiere obrar prodigios en nuestro corazón.
  • Nos quiere dar nueva vida y transformarnos en un ángel en la tierra.
  • Quiere hacer de nuestro corazón una lámpara de Amor Divino para arropar a la humanidad con destellos de luz, Lámpara en que su fuego suba como incienso ante la presencia de su Padre.
  • La adoración es un himno continuo de amor.
  • Su cuerpo y su sangre son viáticos para la vida eterna.
  • En el Tabernáculo el Corazón de Jesús arde con el nuestro y consume nuestros pecados, restituyéndonos al estado de Gracia.
  • Una espada atraviesa su Corazón porque tiene muchas gracias para darnos pero pocas almas lo visitan para recibirlas.
  • Tiene muchos dones para darnos.
  • Nos recompensará cuando nos encontremos con Él en la eternidad.
  • Aquí veremos la Misericordia infinita de su Corazón que es mayor que la miseria humana.
  • Encontraremos la abundancia de los bienes celestiales, la fuente de la paz y del gozo.
  • Es el Santo Dios, Santo Fuerte y Santo Inmortal que nos provee con la abundancia de los dones celestiales.

    Encontraremos un manantial de agua viva que:
  • Aplaca la sed de cosas mundanales.
  • Da vida eterna.
  • Apaga el fuego ardiente de las pasiones y nos da pureza, nos dan quietud a nuestro corazón y deleite a nuestro espíritu, bondad y capacidad de perdonarnos sin límites.   
  • Un cielo nuevo fabricado y adornado con arte divino.
  • Nuestra oración es reflejo de Luz Divina.
  • Su luz jamás se extinguirá y permanecerá hasta el fin de los tiempos.
  • Que es nuestro Salvador.
  • Aquí encontraremos el cielo anticipado en la tierra.
  • Es el camino por el que anduvieron los santos y por donde quien camine se hará santo.
  • Aquí encontraremos el mismo Corazón que mientras vivió en la tierra consolaba a todos, fue refugio y esperanza de enfermos, débiles, sordos, mudos, ciegos, paralíticos, leprosos y marginados.
  • El Corazón Eucarístico cura las enfermedades del cuerpo, los padecimientos del alma y extingue nuestras miserias.
  • Nos libra de las seducciones del demonio y nos hace fuertes contra sus ataques.
  • Limpia la lepra de nuestro pecado.
  • Purifica nuestra alma dándonos blancura de nieve.
  • Sana de la ceguera y sordera espiritual.
  • Pone palabras en nuestros labios para adorar, alabar y dar a conocer el dulce nombre de Jesús.
  • El abandono de sus discípulos hirió gravemente su Corazón.
  • Se deja descubrir del corazón manso y humilde.
  • No sentiremos más penas.
  • Se pierden las Gracias cuando no hay quien las reciba.
  • Jesús derrama su preciosísima sangre en el Gólgota de los Sagrarios.
  • El Corazón Eucarístico de Jesús es remedio a nuestros males y bálsamo de amor a nuestros sufrimientos.
  • El que permanezca en el Corazón Eucarístico quedará atado eternamente con las cadenas de Amor para que no se pierda.
  • Su Misericordia nos cobija, su tribunal se halla abierto para perdonarnos y declararnos inocentes de nuestras culpas.

    ¿Qué nos pide Jesús al visitarlo frente al Santísimo Sacramento?
  • Reparación por las almas que profanan su divinidad con irreverencia e irrespeto.
  • Reparación por el abandono de las almas que sabiendo que se encuentra presente, no lo visitan.
  • Mantener nuestra llama de nuestro corazón encendida como cirio prendido en el Sagrario.
  • Que no dudemos de su presencia en la Sagrada Hostia.
  • Reparación por nuestros desvíos de Amor ya que es tratado con desdén.
  • Reparación por las almas que no caminan por sus sendas.
  • Que le demos todo el amor que no recibe de las criaturas cuando lo dejamos solo.
  • Contemplación y Adoración.
  • Oración con nuestra mente y corazón para aliviar su dolor y mitigar su soledad.
  • Que seamos adoradores del silencio.
  • Que no desperdiciemos las Gracias que quiere darnos y son innumerables.
  • Que lo visitemos para alivianar nuestra cruz que nos acompañará siempre porque sin cruz difícilmente entraremos al cielo.
  • Que hagamos de nuestra vida un acto de adoración y reparación constante.
  • Que lo dejemos entrar en nuestro corazón y naufragar en sus torrentes de misericordia para perdonarnos y liberarnos de nuestras culpas.
  • Que no lo abandonemos dejándolo solitario.
  • En esta porción de cielo encontraremos solución a todos nuestros problemas,
  • Descanso en las fatigas.
  • Fortaleza en las debilidades.
  • Remedio a las enfermedades.
  •  Fin a las tribulaciones.
  •  Ruptura a las esclavitudes.
  • Que saquemos todo lo que llevamos dentro para ser liberados de nuestras opresiones, preocupaciones, ansiedades y depresiones.
  • Que procuremos estar siempre unidos con Él porque de esta unión se deriva nuestra vida, fortaleza, perfección y Santidad.
  • Que nos sumerjamos en Él para probar cuán suave es su bondad sin límites.

¿Qué espera Jesús de nosotros?

  • De nuestro consuelo porque solo recibe ingratitudes y desprecios.
  • Que habitemos en uno de los Aposentos de su Divino Corazón ya que muy pocos ganan méritos para adquirirlos.
  • Escuchar de nuestros labios palabras de amor.
  • Que nos unamos a las Jerarquías Celestiales y lo adoremos con respeto y reverencia.
  • Que nos aventuremos al mundo sobrenatural sin escatimar en el tiempo.
  • Que derramemos nuestro corazón ante el Santo Tabernáculo.
  • Que le hablemos al recibir la Sagrada Comunión y nos donemos por completo y comprenderemos que:
    1. el consuelo reemplaza la aflicción,
    2. la alegría al temor y
    3. la fortaleza del alma a la tibieza.  
  • Que lo reconozcamos como nuestro Señor.     
  • Que lo visitemos y adoremos como los Ángeles porque muchos son los verdugos y profanadores de su Altar. 

Lo que quiero pedirle a Jesús al visitarlo en el Sagrario.

  • Que me aleje del mundo porque temo perderme.
  • Que me una a Él porque estoy harto de una vida sin sentido.
  • Que derrame en mi corazón todas las Gracias que Él quiere darme.
  • Constancia para visitarlo siempre en el Tabernáculo.
  • Que seamos atraídos a su morada Celestial.
  • Que me permita entrar en su corazón y naufragar en sus torrentes de misericordia para ser perdonado y liberado de mis culpas.
  • Que eleve mi alma al Cielo y santifique.
  • Que enderece mis sendas y allane mis caminos.
  • Que vista mi cuerpo con la túnica de la pureza.
  • Que calce mis pies con las sandalias del arrepentimiento.
  • Que me alimente del manjar de la Sagrada Hostia.
Pin en Santísimo Sacramento y Custodias ❤♥

Última actualización: 03 de diciembre de 2020

Back to basics: Llamado para laicos

Una de las imágenes más fuertes que me ha quedado grabada en este año de confinamiento, sin duda es la imagen del Papa Francisco en Semana Santa, solo frente a la cruz, en una plaza de San Pedro completamente vacía.

A la fecha, muchas personas no han podido regresar a las iglesias, no han podido asistir a Misa porque el gobierno no ha permitido que se abran los templos, en otros países las iglesias se abrieron en verano pero ya están cerradas nuevamente “por la pandemia” y por último, algunos afortunados (aunque con bastantes restricciones) hemos podido regresar a las iglesias y ser partícipes de la sagrada Eucaristía.

Algo importante de notar (por lo menos aquí en Europa) es que tras la reapertura, la ocupación de las iglesias está a un 25% tal vez un 30% de su capacidad, siendo imposible no notar la disminución de la asistencia de los fieles. ¡Ah! por cierto, estoy hablando del día domingo, ya ni siquiera mencionar las misas entre semana.

La intención de este pequeño escrito no es cuestionar las razones detrás de este comportamiento, no es discutir la decadencia en la fe del hombre, ni el rechazo actual de la sociedad hacia Dios. Mi intención es hacer un llamado a todos los laicos, a todos los hombres que aún con errores y pecados, queremos ser mejores, buscando cada día la santidad. El llamado es a no tener miedo (a las burlas, al rechazo a los ataques) y buscar ser ejemplo de lo que un católico es ayer, hoy y mañana, por supuesto dejando actuar al Espíritu a través de nosotros.

El primer llamado es a regresar a los básicos, en especial al amor y respeto con los que nuestros abuelos asistían a la Misa y como se comportaban dentro de la iglesia. Retomar lo más básico para cualquier santo, hacer de la Eucaristía el centro de nuestras vidas.

“La Santa Misa es el alimento espiritual que me sostiene y sin la cual no podría afrontar un solo día, ni una sola hora, la vida de entrega a los pobres que he elegido.”

Santa Teresa de Calcuta

Guía básica:

Prepárate:
1. Lo más básico, procurar estar en gracia: Confesión regular, arrepentimiento sincero y contrición de los pecados.
2. Ayuno: Quien lo pueda, asistir a Misa en ayunas (última comida la noche anterior) como lo hacían los padres de la Iglesia. Sino, ayuno 3 horas antes de asistir a Misa, sino es posible, la Iglesia manda por lo menos 1 hora de ayuno previo a recibir la comunión.
3. Vestimenta: ¿Que ropa usarías si la reina de Inglaterra te invitará a su palacio? Tener en cuenta, en la Misa se presenta real y verdaderamente Dios ante nosotros, el rey de reyes y señor de señores.
4. Puntualidad: Cada celebración, cada domingo se debe llegar con puntualidad (es más, 10-15 min antes). ¿Por qué a una reunión de trabajo, una fiesta o inclusive al cine no se llega tarde? La Misa es el evento mas importante de tu vida.
5. No lleves celular, si lo llevas apágalo.

Participa:
6. Desconexión: Referente al punto 4, es importante saber el significado de lo que se es partícipe. Yo recomiendo llegar cuando menos 15 minutos antes para desconectarnos del mundo, y en silencio y oración preparar nuestra alma porque recibirá a Jesucristo Eucaristía.
7. Concentración: Hay que luchar contra la tentación de distraerse con banalidades, criticar a los demás por lo que hacen o dejan de hacer. Centra tu atención en el sacerdote (que actúa in persona Christi), permanece en silencio. Sigue las oraciones, las lecturas y cada momento de la Misa.
8. Respeto y amor: La Misa no es una representación teatral, no es un simple símbolo. La Misa es el memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor (CIC. 1330). En cada Eucaristía se vive nuevamente el sacrificio que Jesús hizo, por amor dio la vida por nosotros. Se unen el Cielo y la tierra. Por eso se debe de vivir con el mayor respeto, la mayor fe y amor que tenemos, mantenernos de pie y arrodillarse ante Dios cuando sea el momento.
9. No cruces las piernas, no estás en la sala de tu casa. Estás frente al Dios vivo y verdadero.
10. Recibir a Dios: El cuerpo y la sangre de nuestro Señor están verdaderamente presentes en la Eucaristía, ¡cuidado de recibirlo en pecado! No vaya a ser causa de tu condenación. Y repito, respeto y amor; no hay mayor signo de humildad y de adoración que arrodillarse ante Dios, así hay que recibirlo, de rodillas; y solo las manos del sacerdote (que actúa in persona Christi) han sido consagradas para tocar su precioso cuerpo y su santísima sangre, comulgar en la boca.
11. Adoración: Si recibiste a Jesús, estás en común-unión con Él, adórale. No te puedes poner a platicar con el de a lado. Toma un momento de silencio y reza. Si una mujer sanó de su enfermedad por solo tocar el manto de Jesús (Lc 8: 43 – 48), ¿qué no hará en ti que lo recibes completamente?

Predica:
12. Después de participar de los sagrados misterios, no podemos regresar al mundo (Rm 12: 2). La manera de vivir nuestra vida, de comportarnos en nuestro día a día debe ser un reflejo perfecto de la palabra de Dios, “ustedes pues, sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt 5:48), por nuestras fuerzas parece imposible, pero si dejamos que sea Jesús el que actúe a través de nosotros, nada será imposible.

“Tened por cierto, el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día.”

San Alfonso María de Ligorio

“El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote.”

San Franciso de Asís

Última actualización: 22 de noviembre de 2020