Una estrella llama a los Magos a adorar a Jesús.

Era media noche cuando el pequeño Rey salió del seno materno, pero la noche se cambió en día, Aquel que era dueño de la luz ponía en fuga la noche de la voluntad humana, la noche del pecado, de todos los males y con el Fiat omnipotente, la media noche se cambió en día esplendidísimo, ¡oh cómo eran felices la Santísima Virgen María y San José en aquella gruta de Belén!

El Verbo Divino en un ímpetu de amor había bajado del Cielo a la tierra, la gruta se había cambiado en paraíso.

Lc 2, 9-20

Los mismos ángeles, formando luz en el aire, con sus voces melodiosas que podían ser escuchadas por todos, cantaron: “Gloria a Dios en lo más alto de los Cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Tanto que los pastores que estaban en vela, escucharon las voces angelicales y corrieron a visitar al Rey Divino.

Lo envolvió en pobres pero limpios pañalitos y lo acomodó en el pesebre, entonces hubo un ir y venir de pastores que iban a visitarlo.  Él era el pequeño Rey de todos.

Una estrella nueva resplandece en el cielo y con su luz va buscando adoradores para conducirlos a reconocer y adorar al niñito Jesús, tres personajes cada uno lejano del otro, quedan tocados e investidos por una luz suprema y siguen la estrella, la cual los conduce a la gruta de Belén.

Los magos representan a toda la generación humana. La primer cosa que ofrecieron fue el oro y en correspondencia recibieron la inteligencia y el conocimiento de la verdad, pero ahora el oro que Jesús quiere de las almas es el oro espiritual, esto es, el oro de su voluntad, el oro de los afectos, de los deseos, de los propios gustos, el oro de todo el interior del hombre, este es todo el oro que el alma tiene y Jesús lo quiere todo para Él.

Esto resulta difícil al alma dárselo a Jesús sin sacrificarse y mortificarse y esta es la mirra, que como hilo eléctrico ata el interior del hombre y lo hace más resplandeciente.

El incienso es la oración, en especial el espíritu de oración interior, que sabe convertir no solo las obras internas en oro, sino también las obras externas.

¿Cuál no fue la maravilla de estos reyes magos al reconocer en este infante Divino al Rey del Cielo y de la tierra?  Porque en el momento en que los magos lo adoraban, raptados por aquella celestial belleza, el niño hizo translucir de su pequeña Humanidad su Divinidad y la gruta se cambió en paraíso, tanto que no podían ya separarse de los pies del infante Divino, hasta cuando retiró de nuevo en su Humanidad la luz de su Divinidad.

Y nuestra Santísima Madre poniendo en ejercicio su oficio de Madre, les habló largamente de la encarnación del Verbo y los fortificó en la fe, esperanza y caridad, simbolizadas por sus dones ofrecidos a Jesús, y llenos de alegría volvieron a sus regiones para ser los primeros propagadores.

Fuentes:
La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad y Libro de Cielo, Luisa Picarreta.

La Inmaculada Concepción

Triunfo sobre la prueba de la Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad

Todos creíamos que la Virgen María no tuvo ninguna prueba y que le bastaba a Dios hacer el gran portento que hizo en ella de ser concebida sin mancha original. Pero ¡oh cómo nos engañamos! Dios le pidió una prueba porque, debiendo descender en ella el Verbo Eterno, no solo era decoroso que Él no encontrara en ella la mancha de origen, sino que ni siquiera era decoroso que encontrara en ella una voluntad humana obrante.

Hubiera sido muy indecoroso para Dios descender en una criatura en la cual reinara la voluntad humana. Por eso Él quiso de ella como prueba, y por toda la vida, su voluntad humana para asegurar en el alma de nuestra Santísima Virgen María, el Reino de su Divina Voluntad.

Ella suspira porque se conozca quién es aquella que produjo en ella tantos privilegios y efectos tan admirables que dejó estupefactos al Cielo y la tierra.

Cuando el Ser Supremo le pidió su querer humano, ella comprendió el grave mal que puede hacer la voluntad humana en la criatura, cómo esa pone todo en peligro, aún las obras más bellas del Creador.

La criatura con su querer humano es oscilante, débil, inconstante, desordenada… y ésto porque Dios, al crearla, creó unida la voluntad humana, como en naturaleza a su Voluntad Divina, de manera que Ésta debía ser la fuerza, el primer movimiento, el sostén, el alimento, la vida de la voluntad humana.

Cuando no damos vida a la Voluntad Divina en la nuestra, se rechazan los bienes recibidos de Dios en la Creación y los derechos recibidos en naturaleza en el acto en el que fuimos creados.

Dios al crear al hombre lo dotó de dones preternaturales:

FIAT  CREADOR                                                                                            

ADÁN      Gn 1,26(Hagamos)

  • Filiación Divina (hijos  legítimos)
  • Divina Voluntad (Hacía la Voluntad de Dios)
  • Ciencia Infusa  (Dios le infunde las verdades del conocimiento del Cielo y de la tierra)

La Voluntad Divina que Dios le infunde a Adán debía ser confirmada por libre decisión del hombre y para esto fue puesto a prueba. Dios creó a Adán inocente y puro, pero se sustrajo de la voluntad Divina para hacer su voluntad humana y ¿en cuántos males no cayó él y todas las generaciones? Perdió estos dones.

Nuestra Santísima Madre al comprender bien la grave ofensa que se le hace a Dios y los males que llueven sobre la criatura, tuvo entonces pavor y horror de hacer su voluntad humana y por amor al Creador, juró nunca hacer su voluntad humana y se la entregó a la Suprema Majestad.

Sacrificarse un día, ahora sí y ahora no, es fácil; pero sacrificarse a cada instante y en cada acto sin dar nunca vida a la voluntad propia es el sacrificio de los sacrificios, es el testimonio más grande y el amor más puro, tejido por la misma Voluntad Divina que se pueden ofrecer a nuestro Creador.

Nuestra Santísima Madre en cuanto hizo don de su voluntad a su Creador se sintió triunfadora sobre la prueba que había querido de ella el Creador (entregarle su voluntad humana para vivir sólo de Voluntad Divina) y Dios a su vez se sintió triunfador sobre la voluntad humana de ella.

Dios esperaba esta prueba, es decir, un alma que viviera sin voluntad para reunir de nuevo lo que el género humano había separado y ponerse en actitud de clemencia y misericordia. Su vida fue toda de Voluntad Divina, no hizo un solo acto de voluntad humana.

Desde el primer instante de su Concepción fue plasmada, inflamada y puesta en la luz del Creador, la cual purificó el germen humano con su potencia y quedó concebida sin mancha original. Y si su Concepción fue sin mancha y tan gloriosa que forma el honor de la familia divina, fue sólo porque el Fiat Omnipotente, el Querer Divino se vertió sobre su germen y quedó concebida pura y santa. Por eso la causa primaria de su Concepción Inmaculada fue únicamente la Divina Voluntad. A ella sea el honor, la gloria y el agradecimiento por haber sido la Virgen María Concebida sin pecado original.

Si supiéramos cómo anhela nuestra querida Madre vernos vivir sin nuestra voluntad humana, porque una madre solo quiere ver feliz a su hijo querido. Pero ¿cómo podremos ser felices si no nos decidimos a vivir sin voluntad propia como vivió ella?

Te has puesto a pensar qué feliz haríamos a nuestra querida Madre si viviéramos como ella vivió, solo de Voluntad Divina? La voluntad humana nos quita la frescura de la gracia, la belleza que enamora al Creador. Si aceptas tener sacrificada tu voluntad en honor al Creador, el Querer Divino hará el primer paso en tu alma: te sentirás circundado y plasmado por un áurea celestial, purificado y enfervorizado de tal forma que sentirás aniquilados en ti los gérmenes de tus pasiones y te sentirás puesto en los primeros pasos del Reino de la Divina Voluntad como Jesús nos enseñó a pedir en el Padre Nuestro. Hágase Tú Voluntad como se hace en el Cielo así sobre la tierra.

Gracias Santísima Trinidad por habernos dado a nuestra Madre, toda bella, toda pura, toda santa.

Todo el honor y la Gloria a ti por los siglos de los siglos. Amén.

Fuentes:
LA VIRGEN MARÍA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD Y LIBRO DE CIELO, Luisa Picarreta.