Examen de conciencia para una buena confesión

Es necesario acusar en confesión al menos todos los pecados mortales que se recuerden desde la última confesión bien hecha. Se debe indicar también su especie y su número. Para ello hay que pedir a Dios la gracia de conocer bien nuestras faltas, y examinarlas atentamente. (Misal diario Católico Apostólico Romano 1962).

“Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones” (LumenGentium 11, CIC 1422).

Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación. Los Padres De la Iglesia presentan este sacramento como “la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia”. (CIC 1446)

La siguiente guía tiene como base el Misal diario Católico Apostólico Romano de 1962 y el Catecismo de la Iglesia Católica

130 ideas de Confesion en 2020 | confesiones, los sacramentos, examen de  conciencia

Oración para Examinarse Bien

SANTISIMA Virgen María, Madre mía, dignarte obtenerme un verdadero dolor de haber ofendido a Dios, el firme propósito de corregirme, y la gracia de hacer una buena confesión. Amén.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Señor tu Espíritu, y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Primer Mandamiento:
Amarás a Dios sobre todas las cosas.

¿Dios ocupa el primer lugar en mi vida?
¿Me he olvidado de Dios?
¿He faltado a mis oraciones o las he hecho mal?
¿He negado o dudado de alguna verdad de la fe católica?
¿He descuidado mi formación católica?
¿He asistido a actos de culto de sectas o reuniones de sociedades prohibidas? (sectas protestantes, comunismo, masonería, budismo, yoga).
¿He leído libros o revistas impíos?
¿He creído en supersticiones?
¿He asistido a sesiones de adivinación, lecturas de mano, de café, cualquier tipo de magia, hechicería, espiritismo, ocultismo, chamanismo, etc.?
¿He creído en el horóscopo?
¿Me he desesperado o hablado contra la Providencia?
¿He callado pecados mortales en confesiones anteriores?
¿He comulgado estando en pecado?¿Sin haberme acercado a la confesión?
¿Le he faltado el respeto a la Iglesia y/o a sus Ministros?
¿He amado a Dios sobre todas las cosas?
¿Me he avergonzado de las prácticas de piedad?
¿Tengo en mi vida o buscado otros dioses (dinero, poder, placer, belleza, reconocimiento desordenado de los demás hacia mí)?
¿He rechazado alguna verdad revelada? (dogmas de la Iglesia)
¿He creído cosas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia, creyendo que son “exageradas u obsoletas”?
¿He consentido dudas contra la fe?
¿He pensado o dicho que todas las religiones son buenas?
¿He escondido la fe por cobardía o vergüenza?
¿Pongo toda mi confianza en Dios, o la pongo en mí mismo?

Segundo Mandamiento:
No tomarás el Santo Nombre de Dios en vano.

¿He hecho juramentos falsos, inútiles o malos (jurar vengarse)?
¿He caído en imprecaciones (deseos malos) contra sí mismo o contra los demás?
¿He maldecido?
¿He blasfemado (decir algo contra Dios o algún objeto sagrado)?
¿He usado sin respeto el nombre de Dios o el de los Santos, o las palabras de las Sagradas Escrituras?
¿He faltado a algún voto o promesa hecha a Dios?

Tercer Mandamiento:
Santificarás las fiestas.

¿He faltado injustificadamente a Misa en domingo o día de precepto?
¿He llegado tarde a Misa?
¿Me distraigo voluntariamente en Misa?
¿He profanado el domingo con reuniones o diversiones peligrosas (fiestas, antros)?
¿He trabajado o mandado trabajar sin necesidad, en labores serviles o manuales, durante más de dos o tres horas?
¿Me he preocupado por saber cuáles son las fiestas de precepto?

Cuarto Mandamiento:
Honrarás a tu padre y a tu madre.

Como hijos:
¿He desobedecido a mis padres?
¿Los he tratado con dureza y sin respeto?
¿Les he causado pena o disgustos?
¿Los he asistido durante su vida, o los asistí durante su muerte?
¿He rezado por ellos?
¿He tomado en cuenta sus sabios consejos?
¿He tratado mal a mis hermanos, he reñido con ellos?
¿He desobedecido a los superiores civiles o religiosos?
¿He juzgado o criticado injustamente a mis padres, hermanos o superiores civiles o religiosos?
¿He fomentado el mal espíritu?
Como padres:
¿He hecho rezar en familia?
¿He hecho mal uso de la autoridad y/o de los bienes familiares? (por ejemplo, gastado dinero en uso propio antes que el bien de la familia, de la esposa o esposo, hijos, gastado dinero en apuestas?
¿He descuidado la educación de mis hijos? (catecismo, primera comunión, etc.)
¿Los he mandado a escuelas malas?
¿Los he vigilado, corregido y castigado cuando hace falta o he sido permisivo?
¿Les he enseñado a renunciarse, sacrificarse y vencer sus caprichos?
¿Los he tratado con demasiada aspereza y sin paciencia?
¿He permitido frecuentaciones, diversiones y películas peligrosas para la fe, la castidad, etc.?
¿Les he dado mal ejemplo?
¿He mentido, discutido en su presencia?

Quinto Mandamiento:
No matarás.

¿He matado, herido o injuriado a alguien?
¿He promovido o he estado a favor del aborto? (que la Iglesia castiga con excomunión: La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (Código de Derecho Canónico, CIC, canon 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad).
¿He estado o he promovido la Eutanasia?
¿He causado algún daño a alguien?
¿Me he enojado, deseado venganza o deseado el mal a otro?
¿He odiado, tenido rencor?
¿Me he negado a perdonar?
¿He sido impaciente?
¿He tenido dureza para con los pobres y los que sufren?
¿He dado malos consejos?
¿He aprobado las malas conductas de mis amigos?
¿He escandalizado a otros y/o inducido a otros a pecar, con mi ejemplo, en conversaciones, modos de vestir, malos libros, etc.?
¿He manejado imprudentemente o a altas velocidades?
¿He puesto mi vida en riesgo? (saltado con paracaídas, arrancones, etc.)
¿He probado drogas?

Sexto y Noveno Mandamientos:
No fornicarás. No desearás a la mujer de tu prójimo.

“Dios abomina, de modo especial el pecado de la lujuria, y los demonios también.”. “Es de razón natural que los demonios abominan el pecado contra natura. Hacen caer al pecador y luego se retiran para no ver semejante espanto que horroriza incluso a los ángeles (incluso los caídos).” (Diálogo, Misericordia con la Sta. Iglesia, L II, cap. XV)

¿He cometido adulterio?
¿He visto, o usado pornografia? (en libros, diarios, revistas, películas, televisión, internet, mensajes, etc.)
¿Me he detenido voluntariamente en pensamientos, o deseos contrarios a la pureza y castidad?
¿He tenido conversaciones deshonestas o en doble sentido?
¿He visto/compartido fotos, videos, chistes, etc. contrarios a la castidad y pureza?
¿He tenido miradas culpables?
¿He provocado que otros tengan miradas culpables por mi modo de vestir?
¿He vestido indecentemente?¿procuro tener pudor?
¿He asistido a playas nudistas?
¿He tenido acciones deshonestas, solo o con otros, de cualquier tipo? (todo lo que sea buscar o admitir placer sexual fuera del uso lícito del matrimonio, es pecado mortal).
¿He utilizado fraudulentamente el matrimonio?
¿He practicado onanismo, masturbación, preservativos, píldoras abortivas o anticonceptivas, esterilización, vasectomía, etc.?
¿He negado injustamente el débito conyugal?
¿He escuchado canciones con contenido sexual o que propician la inmoralidad o impureza?
Nota: se deben precisar las circunstancias que cambian la especie del pecado (adulterio, incesto, homosexualidad, entre otras…). La persona que no quiere renunciar a la ocasión próxima del pecado no puede recibir la absolución ni seguir comulgando.

Séptimo y Décimo Mandamientos:
No robarás. No codiciarás los bienes ajenos.

¿He robado?
¿He utilizado bienes o cosas robadas?
¿He cometido o ayudado a cometer injusticias, fraudes robos?
¿He causado daño a otro en sus bienes?
¿He restituido los bienes por el daño hecho?
¿He pagado mis deudas?
¿He engañado en mis ventas, contratos o transacciones?
¿He sobornado o propiciado el soborno y cualquier ganancia injusta?
¿He apostado o asistido a juegos por dinero, casinos?
¿He jugado juegos por dinero?
¿He cometido usura? (cobrado intereses excesivos a mis deudores)
¿He hecho prejuicios injustos?
¿He deseado desordenadamente los bienes de otros?

Octavo Mandamiento:
No mentirás ni levantarás falso testimonio.

¿He mentido?
¿He hecho juicios temerarios?
¿He hablado mal del prójimo?
¿He sembrado discordia con habladurías o rumores infundados?
¿He calumniado?
¿He levantado falsos testimonios contra otros?
¿Me he promovido propaganda o noticias falsas (especialmente en contra de la Iglesia y del Santo Padre)?
¿He violado un secreto, leído cartas o correo ajeno, etc.?

Los preceptos de la Iglesia

¿Me he confesado al menos una vez desde hace un año?
¿He recibido la Sagrada Comunión durante el tiempo Pascual?
¿He violado los ayunos prescritos por la Iglesia, o he comido carne en los días prohibidos?
¿Contribuí conforme a mis posibilidades con el sostenimiento de la Iglesia (diezmo, limosnas, etc.)?
¿He contraído matrimonio contrario a las leyes de la Iglesia?

Pecados capitales

Soberbia:
¿He tenido pensamientos de vanidad? ¿He despreciado a los demás?
¿He sido terco, contra la Voluntad de Dios, contra los demás?
¿He sido esclavo del “que dirán” y de la moda?
¿He pedido perdón cuando he ofendido o me he equivocado?
¿He hecho mi examen de conciencia correctamente, sin prisas?
Avaricia:
¿He tenido apego excesivo al dinero o a otras cosas?
¿He hecho limosnas únicamente con lo que me sobra?
Lujuria:
ver sexto y noveno mandamientos de la Ley de Dios.
Envidia:
¿He sentido tristeza por no tener los mismo bienes de los demás?
¿Me he alegrado por el mal que les ocurre?
¿He tenido sentimientos de envidia, celos?
¿He sido hipócrita?
Gula:
¿Me he excedido en el comer o beber?
¿Me he embriagado?
¿He hablado demasiado y con burla?
Ira:
Ver quinto mandamiento de la Ley de Dios.
Pereza:
¿He tenido pereza al levantarme?
¿En el trabajo?
¿Soy mediocre en mi trabajo?
¿Soy tibio en mi oración?
¿En las obligaciones religiosas?
¿He perdido el tiempo, he estado de ocioso?
¿He caído en la molicie? (huir de todo esfuerzo y rendirse a la primera dificultad).

Habiendo realizado el examen de conciencia y luego de rezado el acto de contrición, hay que acercarse al confesor, arrodillándose ante él, diciendo “Ave María Purísima. Padre, hace X tiempo que no me confieso, cumplí (o no) con mi penitencia impuesta en la última confesión y me acuso de…”. Se recomienda empezar con los pecados que más vergüenza le dan a uno, para evitar omitirlos. Atendamos a lo que nos diga el confesor y a la penitencia que nos impondrá, y mientras nos dé la absolución, digamos con todo fervor nuevamente el Acto de Contrición.

Después de la confesión

Se debe cumplir sin demora con la penitencia impuesta por el sacerdote. No se debe olvidar agradecer a Dios por permitirnos recibir este hermoso Sacramento y la gran gracia del perdón recibido. Sobre todo no hay que dejarse llevar por los escrúpulos. si el demonio intenta preocuparnos o confundirnos, no debemos discutir con él. Jesús no ha instituido el Sacramento de la Penitencia para torturarnos, sino para liberarnos. Lo que nos pide a cambio de su amor, es una gran lealtad y humildad al acusarnos de nuestras faltas (especialmente de las graves) y de la sinceridad al proponernos evitar realmente todas las ocasiones de pecado. Agradezcamos a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre, y recordemos las palabras que el Señor dijo a la mujer: “¿Dónde están los que te acusaron?¿Nadie te ha condenado? Dijo ella: Nadie, Señor. Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques más.“(Jn 8, 10-11).