Tiempo de Adviento

Hoy es el primer domingo de Adviento, un tiempo que designa o asocia particularmente a una de las tres virtudes teologales, la esperanza. Es un tiempo de preparación para la llegada de nuestro Señor que quiso hacerse carne y habitar entre nosotros. Dios a través de la segunda persona de la Trinidad, quiso revelarse, para que sin equivocación alguna, supiéramos en quién depositar nuestra esperanza.

Este tiempo de Adviento que comenzamos a vivir nuevamente hoy, nos recuerda a los fieles la “ausencia de Cristo”. Con espíritu de penitencia y oración aguardamos al Mediador, al Dios hecho hombre, preparándonos en primer lugar para su venida en carne mortal, que celebraremos el 25 de Diciembre, pero también es un tiempo para prepararnos para su segundo advenimiento como nuestro Juez.

Es por ésto, que las Misas del tiempo de Adviento nos presentan un espíritu de preparación y arrepentimiento que se mezclan con la alegría y la esperanza. Las lecturas de las 4 semanas de Adviento están tomadas en su mayor parte de las profecías de Isaías y de los Salmos, y son una expresión elocuente del deseo de todas las naciones por la llegada del Redentor. A todos nos impresiona el llamado urgente y repetido por la venida del Mesías: “Ven ya, no tardes”. Las epístolas de San Pablo nos urgen a disponernos como se debe para su llegada. Los Evangelios nos describen los terrores del Juicio Final, profetizando el segundo advenimiento y para decirlo con palabras de San Juan Bautista, “para preparar el camino del Señor”.1

Me parece muy notorio que antes de celebrar el nacimiento del Señor, celebremos la Inmaculada Concepción de María (8 de diciembre), y en todo América celebremos a la Santísima Virgen María de Guadalupe (12 de diciembre), no es casualidad, María es el modelo de perfección humana, ¿que mejor preparación para recibir a Cristo que María? En palabras de San Luis María Grignon de Monfort “María es el camino más corto, más seguro y más perfecto para llegar a Jesús”. Entreguemos nuestra vida a María y a lo largo de estás 4 semanas, pidamos su intercesión para que vivamos siempre preparados para la próxima venida de nuestro Señor.

Adviento y Navidad. También nosotros nacemos para la Vida | Prado Nuevo -  Apariciones de la Virgen en El Escorial

Última actualización: 30 de noviembre

Fuentes:
1) Reflexión sobre la Primera parte del Año litúrgico, el Ciclo de Navidad, texto tomado del Misal de 1962.

Back to basics: Llamado para laicos

Una de las imágenes más fuertes que me ha quedado grabada en este año de confinamiento, sin duda es la imagen del Papa Francisco en Semana Santa, solo frente a la cruz, en una plaza de San Pedro completamente vacía.

A la fecha, muchas personas no han podido regresar a las iglesias, no han podido asistir a Misa porque el gobierno no ha permitido que se abran los templos, en otros países las iglesias se abrieron en verano pero ya están cerradas nuevamente “por la pandemia” y por último, algunos afortunados (aunque con bastantes restricciones) hemos podido regresar a las iglesias y ser partícipes de la sagrada Eucaristía.

Algo importante de notar (por lo menos aquí en Europa) es que tras la reapertura, la ocupación de las iglesias está a un 25% tal vez un 30% de su capacidad, siendo imposible no notar la disminución de la asistencia de los fieles. ¡Ah! por cierto, estoy hablando del día domingo, ya ni siquiera mencionar las misas entre semana.

La intención de este pequeño escrito no es cuestionar las razones detrás de este comportamiento, no es discutir la decadencia en la fe del hombre, ni el rechazo actual de la sociedad hacia Dios. Mi intención es hacer un llamado a todos los laicos, a todos los hombres que aún con errores y pecados, queremos ser mejores, buscando cada día la santidad. El llamado es a no tener miedo (a las burlas, al rechazo a los ataques) y buscar ser ejemplo de lo que un católico es ayer, hoy y mañana, por supuesto dejando actuar al Espíritu a través de nosotros.

El primer llamado es a regresar a los básicos, en especial al amor y respeto con los que nuestros abuelos asistían a la Misa y como se comportaban dentro de la iglesia. Retomar lo más básico para cualquier santo, hacer de la Eucaristía el centro de nuestras vidas.

“La Santa Misa es el alimento espiritual que me sostiene y sin la cual no podría afrontar un solo día, ni una sola hora, la vida de entrega a los pobres que he elegido.”

Santa Teresa de Calcuta

Guía básica:

Prepárate:
1. Lo más básico, procurar estar en gracia: Confesión regular, arrepentimiento sincero y contrición de los pecados.
2. Ayuno: Quien lo pueda, asistir a Misa en ayunas (última comida la noche anterior) como lo hacían los padres de la Iglesia. Sino, ayuno 3 horas antes de asistir a Misa, sino es posible, la Iglesia manda por lo menos 1 hora de ayuno previo a recibir la comunión.
3. Vestimenta: ¿Que ropa usarías si la reina de Inglaterra te invitará a su palacio? Tener en cuenta, en la Misa se presenta real y verdaderamente Dios ante nosotros, el rey de reyes y señor de señores.
4. Puntualidad: Cada celebración, cada domingo se debe llegar con puntualidad (es más, 10-15 min antes). ¿Por qué a una reunión de trabajo, una fiesta o inclusive al cine no se llega tarde? La Misa es el evento mas importante de tu vida.
5. No lleves celular, si lo llevas apágalo.

Participa:
6. Desconexión: Referente al punto 4, es importante saber el significado de lo que se es partícipe. Yo recomiendo llegar cuando menos 15 minutos antes para desconectarnos del mundo, y en silencio y oración preparar nuestra alma porque recibirá a Jesucristo Eucaristía.
7. Concentración: Hay que luchar contra la tentación de distraerse con banalidades, criticar a los demás por lo que hacen o dejan de hacer. Centra tu atención en el sacerdote (que actúa in persona Christi), permanece en silencio. Sigue las oraciones, las lecturas y cada momento de la Misa.
8. Respeto y amor: La Misa no es una representación teatral, no es un simple símbolo. La Misa es el memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor (CIC. 1330). En cada Eucaristía se vive nuevamente el sacrificio que Jesús hizo, por amor dio la vida por nosotros. Se unen el Cielo y la tierra. Por eso se debe de vivir con el mayor respeto, la mayor fe y amor que tenemos, mantenernos de pie y arrodillarse ante Dios cuando sea el momento.
9. No cruces las piernas, no estás en la sala de tu casa. Estás frente al Dios vivo y verdadero.
10. Recibir a Dios: El cuerpo y la sangre de nuestro Señor están verdaderamente presentes en la Eucaristía, ¡cuidado de recibirlo en pecado! No vaya a ser causa de tu condenación. Y repito, respeto y amor; no hay mayor signo de humildad y de adoración que arrodillarse ante Dios, así hay que recibirlo, de rodillas; y solo las manos del sacerdote (que actúa in persona Christi) han sido consagradas para tocar su precioso cuerpo y su santísima sangre, comulgar en la boca.
11. Adoración: Si recibiste a Jesús, estás en común-unión con Él, adórale. No te puedes poner a platicar con el de a lado. Toma un momento de silencio y reza. Si una mujer sanó de su enfermedad por solo tocar el manto de Jesús (Lc 8: 43 – 48), ¿qué no hará en ti que lo recibes completamente?

Predica:
12. Después de participar de los sagrados misterios, no podemos regresar al mundo (Rm 12: 2). La manera de vivir nuestra vida, de comportarnos en nuestro día a día debe ser un reflejo perfecto de la palabra de Dios, “ustedes pues, sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt 5:48), por nuestras fuerzas parece imposible, pero si dejamos que sea Jesús el que actúe a través de nosotros, nada será imposible.

“Tened por cierto, el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día.”

San Alfonso María de Ligorio

“El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote.”

San Franciso de Asís

Última actualización: 22 de noviembre de 2020